Fábrica de Papel Loreto antiguo Molino de Miraflores

Molino y Fabrica de Papel

Barrio Loreto

El Molino de Miraflores fue propiedad de Don Juan de Guzmán Ixtolinque, cacique de la villa de Coyoacán, aliado de Hernán Cortés. En 1559, Martín Cortés (hijo de Hernán) segundo marqués del Valle, adquirió del cacique el molino y sus tierras.
Posteriormente, el Molino fue vendido a Juan Álvarez, quien levantó un batán allí, que por cierto fue rechazado por los indios, ya que acusaban contaminación del río por las sustancias empleadas por la fábrica y descargadas al río Atilic (Magdalena).
En 1750, el canónigo José Miguel Sánchez Navarro compró el Molino de Miraflores y le cambió el nombre por el de Nuestra Señora de Loreto.
Más tarde, siendo el dueño Bernardo Miramón, y en 1780 fue cedido a la Corona para la preparación de la harina que debía enviarse a la Habana, entonces asediada por los ingleses.
En 1814, Rafael Antonio Fuentes adquirió el Molino y en 1823 pasó a poder de José Manuel Zozaya y Bermúdez quién fue embajador de Iturbide ante los EU.
Zozaya fue quien transformó el molino en la primera fábrica de papel, que por cierto, fabricó el que se utilizó para imprimir la constitución de 1824,
Igual que el molino, la fábrica pasó por varias manos hasta llegar a José Sordo y Agustín Rosada quienes vendieron la fábrica en ruinas y sus terrenos a Don Alberto Lenz.

 

Casa principal de la fábrica de papel Loreto

La casa principal del conjunto es ‘tipo suizo’, su fachada presenta en los vanos de la planta baja enmarcamientos de cantera con arcos en dintel y piedra clave realzada, en la parte media, se observan los cabezales de vigas terminadas en pecho de paloma y en la parte superior tiene una estructura de madera con enladrillado.

Fábrica de papel Loreto

Este edificio ostenta un detalle especial en su fachada lateral: una placa donde se consigna la gratitud de los obreros de la fábrica de papel Loreto a su original propietario, el señor Alberto Lenz. Destaca por sus pilastras, un listón de ladrillo, cornisa dentada y pretil liso.

Esta construcción es de dos niveles. En la fachada hay arcos de tabique rebajados con piedra clave realzada y vanos con pilastras que los enmarcan y se estrechan en el segundo nivel. El entrepiso interior es de vigueta con bovedillas de ladrillo. La cubierta es de dos aguas.

Una de las construcciones emblemáticas del siglo XIX que se conservan en buen estado en el sur de la Ciudad de México y cuya fachada pétrea rematada por una cornisa dentada que corona un frontón con arco de medio punto, le confiere un rasgo inconfundible de identidad.

Esta edificación conserva varios de sus elementos originales, muros de tabique y piedra con basamento, a los que divide una platabanda, de los que se desprenden los vanos de las ventanas enmarcados con tabiques y resaltan por los arcos rebajados con clave de piedra realzada.

Esta construcción muestra elementos distintivos de su arquitectura, a pesar de algunas modificaciones modernas, como los muros que parten de basamentos de piedra con una platabanda de tabique y los vanos, que tienen arco rebajado de cerramiento. En el interior cuenta con falso plafón.

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