Molino Belén de las Flores

Molino

Belén de las Flores

En palabras del investigador Mario Barbosa, la hacienda de Belén de las Flores ha sido una referencia geográfica en el Valle de México desde hace varios siglos. En la época colonial, la hacienda era reconocida por tener un molino para la producción de trigo. Los propietarios de la misma fueron sacerdotes jesuitas y luego pasó a manos de distintos particulares que generaron los cambios de uso del molino y de las tierras ubicadas en sus alrededores.
Ya en tiempos republicanos en el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX, los terrenos bordeados por el río y por las sinuosidades de una barranca fueron el lugar de asentamiento de diversas iniciativas económicas, como una fábrica de papel que aprovechó la energía hidráulica. A partir de 1910, la propiedad pasó a manos del gobierno federal y fue destinada a instalaciones de producción de municiones.
Actualmente, el Molino de Belén ha sufrido el paso del tiempo y solo quedan vestigios de la historia industrial en esta zona que hoy son instalaciones de la Policía Federal y un museo de sitio.

La Capilla del Molino Belén de las Flores

La capilla construida en el siglo XVIII es de muros anchos, los vanos tapiados, aún se ve un arco grande que rodea un óculo y la portada de arco de medio punto moldurado, con una espadaña de un vano y sin campana.

Acueducto del Molino Belén de las Flores

Del Acueducto solo permanecen algunos vestigios y queda como mudo testigo de que un día paso por ahí el agua de manantiales como el de Santa Fe y el Del Desierto de los Leones y ríos como el de Tacubaya.

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